Fernando Alonso, subcampeón del mundo 2010.

Hemos alabado tanto al actual campeón del Mundo, Sebastian Vettel, que parece que nos hayamos olvidado del que aún en estos momentos, es considerado como el mejor y más completo piloto de la parrilla. Sí, me refiero a Fernando Alonso. Ha quedado claro que el que este título se le escapara de las manos ha sido un cúmulo de errores tanto por su parte como por la del equipo, sí... pero no hemos de olvidar que sea como sea, es el actual subcampeón del mundo, habiendo realizado una buena temporada, regalándonos momentos emocionantes e inolvidables a todos los seguidores.
Todo comenzó el 30 de septiembre de 2009 terminando así uno de los culebrones más largos de los últimos años, el cantado fichaje de Fernando Alonso por la escudería Ferrari. Atrás quedaban centenares de rumores, habladurías, declaraciones y sobre todo, el desastre de la estancia del asturiano en McLaren y su difícil segunda época en Renault.
A pesar de su aparición estelar en la reunión anual del equipo en Cheste, la concentración invernal de Madonna di Campiglio fue el lugar dónde comenzó oficialmente la historia que terminaría desembocando diez meses más tarde en una lucha cerrada con Red Bull por el tercer título del asturiano. Tal vez una de las más emocionantes de estos últimos diez años.
La pretemporada, en la que el F10 comenzó a mostrar su buen rendimiento en curva lenta, fue larga, siempre lo es, pero la espera para el primer Gran Premio en Bahrein mereció la pena para los aficionados del español, que apenas estaban cambiando los colores de sus gorras cuando se produjo el primer doblete de la Scuderia.

La gira por Oceania y Asia se encargó enseguida de dejar claro que el tricampeonato habría que sudarlo mucho. Un toque en la salida en Australia, el desastre en la calificación de Malasia y saltarse la salida en China pusieron en el disparadero a Alonso, que apenas lograba contener a Massa, a quien secundó en Melbourne y Sepang, por increíble que nos parezca después de ver la temporada que ha realizado el brasileño.
Massa llegó a liderar el Mundial mientras las dudas sobre la fiabilidad del motor Ferrari caldeaban el ambiente. Ambas incógnitas se solucionaron en favor de Alonso con la llegada del Gran Circo a Europa. Fernando fue segundo tras Webber en España y la FIA permitió a Ferrari modificar sus motores para mejorar su fiabilidad.
Pero, sin duda, el gran error de la temporada de Alonso llegó en Mónaco donde su accidente en los libres le forzó a salir desde atrás en un Gran Premio en el que, como demostró con su vibrante remontada en carrera que le llevó a la sexta posición final, debió luchar por la victoria. Este fallo, que a muchos nos hizo preguntarnos qué hacía el español arriesgando tanto en unos simples entrenamientos, fue uno de los momentos cruciales para el campeonato del asturiano.
Con el paréntesis de la visita a Canadá en la que logró una notable tercera posición tras los McLaren, las cosas no terminaban de funcionar para el asturiano que cometió otro error en la calificación en Estambul, el lugar donde peor funcionó el F10 en toda la temporada, y no pudo pasar de la octava posición en Valencia perjudicado por la entrada del Safety Car. Y no, al decir esto tampoco lo estoy justificando. Simplemente se trata de exponer una evidencia.

El título se escapaba y el desastre de Silverstone, donde Alonso no logró puntuar tras una sanción polémica y discutible, hizo reaccionar a todos. Desde entonces, con contadas excepciones, Fernando no se metió en problemas y Ferrari encauzó su programa de desarrollo, desastroso hasta ese momento, cimentando las bases para la remontada.
Con el rumbo que estaba tomando la temporada, lo que ocurrió en el Gran Premio de Alemania no dejó de ser sorprendente para todos. Alonso, a casi 50 puntos de Hamilton, entonces líder, y Massa se colocaron segundo y tercero en parrilla. Un día más tarde, Ferrari se hizo con un aplastante doblete que copó los titulares de toda la prensa, dando un golpe en la mesa y demostrando que seguían en la batalla.

Lo hizo por ese doblete que se suponía que debía encabezar Massa, terminó siendo liderando por Alonso gracias a las polémicas órdenes de equipo. El asunto se saldó con una sanción económica aunque se terminó poniendo un asterisco, de mayor o menor tamaño según los ojos de quien lo mire, a cualquier resultado que los de Maranello consiguieran a final de temporada.

En sus planes, Alonso estaba decidido a que ese resultado fuera el de campeón del mundo y comenzó a mostrar pequeñas pinceladas de lo que nos esperaría en el Gran Premio de Hungría, donde se coló entre los Red Bull gracias a la sanción que los comisarios impusieron a Sebastian Vettel.
El único punto flaco de Alonso en esta segunda fase fue el Gran Premio de Bélgica, donde el asturiano fue golpeado por Barrichello en la primera vuelta y se estrelló contra las barreras mientras remontaba en busca de los puntos. De aquella carrera, muchos comenzaron a descartar a Fernando, algo lógico claro está, pero él ya tenía su guión escrito y muchas cosas aún por demostrar.
Cinco podios. Esa era la consigna del asturiano después de lograr una emocionante victoria en el Gran Premio de Italia, donde sus rivales cedieron unos puntos magníficos ante la superioridad del F10 en manos de Fernando, que explotó de felicidad en el momento en que cruzó la meta. Y es que ganar en Monza con Ferrari, sigue siendo algo único.
Como si fuera sencillo, el español repitió victoria en Singapur, logró terminar en tercer puesto en Japón, volvió a ganar en Corea y se las arregló para ser otra vez tercero en Brasil. El recuerdo de aquel piloto implacable que enamoró a todo el paddock en su primera época en Renault volvía a meter miedo a sus rivales y a los que le veíamos desde el sofá de nuestra casa, volvía a dibujarnos una sonrisa y a remover recuerdos imborrables para cualquier seguidor.

Pero no fue suficiente. En la última carrera del año, con otros tres rivales luchando por el título, Alonso no pudo pasar de la séptima posición al centrarse en proteger su posición frente a Mark Webber, dejándonos a todos atónitos viviendo un incomprensible error de principiantes. El título por el que tanto había luchado se esfumaba detrás del Renault de Petrov.
Ahora, habiendo demostrado su potencial para luchar por el título en su primer año en Ferrari, a Fernando no le queda otra que pensar en que no hay razón por la que la temporada que viene no vaya a ser mejor que ésta, así que su objetivo será centrar el gran impulso que le ha llevado a luchar por el título a ganarlo en 2011, aprender tanto él como Ferrari de todos los errores cometidos este año, que no han sido pocos ni irrelevantes y volver a devolvernos una ilusión que muchos fuimos perdiendo vuelta tras vuelta en la última carrera de esta finalizada temporada llena de luces y sombras.













